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CENTRO DE ESTUDIOS DE CHINA

Taller 7 de Septiembre de 2016: Despertando a una nueva educación















Por: Paola López Murillo

La educación enfrenta desde hace varios años un sinnúmero de desafíos relacionados con trastornos en niños y adolescentes que parecieran “se pusieron de moda” y que según las miradas tradicionalistas se deben tratar con medicamentos, programas de rehabilitación y en ciertos casos incluso la reclusión en centros especializados. Dichos trastornos incluyen problemas de lenguaje, habla, atención, hiperactividad, control de esfínteres, conducta, aprendizaje, autismo, entre otros, y se identifican cuando niños o adolescentes presentan comportamientos como impulsividad, agresividad, ansiedad, baja socialización, hipersensibilidad, inquietud motora, fobias, falta de atención, y más (http://psicologiainfanti.weebly.com/trastornos-infantiles.html).


Siendo cada vez más común encontrar estas situaciones en las aulas y hogares, cada quien toma posturas diferentes frente a ello; hay quienes creen que estas son efectivamente enfermedades de ahora, otros cuestionan la crianza y falta de autoridad por parte de los educadores como generaciones que crecen sin límites ni reglas, otros tantos culpan al modelo educativo de casa y escuela que no se actualizó y no se acomoda a las nuevas necesidades de los niños de hoy en día.

Más allá de encontrar la etiqueta verdadera para estas generaciones, se han encontrado experiencias en donde el simple hecho de tener una visión esperanzadora de estas “malas conductas” genera un efecto positivo no solo en el desarrollo de los niños sino también en el bienestar de los educadores y en sí, en todo el entorno. Existe, por ejemplo, la visión de los niños índigo y los niños cristal, términos que aparecieron en 1982 en el libro Understanding the life through colors , escrito por Nancy Ann Tape donde la autora hace alusión a la aparición de nuevas generaciones de niños con auras de color índigo y que tienen en común el ser seres más creativos, más sensibles, más amorosos, más espirituales y con una consciencia más elevada que el resto de las personas (http://www.nancyanntappe.com/). Dentro de esto se cree que ambas clases de niños tienen en esencia las mismas características pero al sentirse invadidos o forzados a regirse por lo ya establecido, pueden comportarse como “guerreros” o como “retraídos”, es decir, los primeros aunque espontáneos pueden tornarse rebeldes, mientras que los segundos aunque pacíficos pueden tornarse introvertidos y poco comunicativos y pueden ser erróneamente diagnosticados con TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) y Autismo (y síndromes de Asperger) respectivamente.


El tema de niños índigo y cristal se ha popularizado tanto que hoy en día es estudiado por investigadores de universidades top a nivel mundial como es el caso de la Universidad de Cambridge que en su Facultad de Divinidad tiene a la investigadora Beth Singler quien en su tesis de doctorado estudió Los niños índigo: experimentación de la Nueva Era con Ser y Ciencia (http://www.divinity.cam.ac.uk/directory/beth-singler). También se han publicado artículos que argumentan que los niños salen mal librados a través de la mirada de la enfermedad psicológica pero se pueden reinscribir con la ayuda de creencias como la de los niños índigo y cristal (WHEDON, S. W. The Wisdom of Indigo Children: An Emphatic Restatement of The Value of American Children. Nova Religio: The Journal of Alternative and Emergent Religions. 12 (3), 70-76 (2009)). Por último, hay noticias donde se expresa el interés y la preocupación de grupos de padres que pretenden brindar una educación alternativa a niños con dichas características donde el fin último sea: “… ayudar a los niños a descubrir su camino y vivir una vida apasionada” (http://archive.bangordailynews.com/2001/02/27/mdi-exploring-ideas-for-alternative-school/ Septiembre de 2016).


Otro ejemplo de este efecto es el llamado The Son-Rise program que aparece por el interés de unos padres por su hijo que “en 1974, de tan solo 18 meses, fue diagnosticado con autismo severo y un coeficiente intelectual menor a 30” (http://ceupa.org.ar/CEUPA/The_Son-Rise_Program.html) y que al recibir nulas posibilidades por parte de profesionales, decidieron unirse a las conductas exclusivas y repetitivas del niño hasta construir un puente entre ellos y su hijo logrando conexión y comunicación completa y formando un niño tan íntegro que hoy en día es el director de The Son-Rise Program® a nivel mundial (http://www.autismtreatmentcenter.org/). Este programa promueve ciertas premisas entre las cuales están: el potencial del niño es ilimitado, la motivación y no la repetición es la clave para cualquier aprendizaje, las autoestimulaciones tienen un gran valor y significado, hay mayor efectividad cuando hay aceptación, entre otras.


Estas dos perspectivas tienen en común que en tanto se tenga una visión distinta de la vida, la vida cambia por completo.

“Donde otros vieron tragedia, yo decidí ver esperanza”

Barry Neil Kaufman


Por otro lado, en el programa Redes: Meditación y Aprendizaje (https://www.youtube.com/watch?v=Y2RiCJbNRo4) de Eduard Punset, se menciona que el óptimo aprendizaje de un niño/joven/adulto depende de factores como la atención y la regulación de las emociones, y estos se pueden mejorar significativamente a través de técnicas contemplativas como la meditación aprovechando la plasticidad del cerebro. La plasticidad tiene que ver con la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales y reprogramarse dependiendo de las experiencias que la persona viva y los hábitos que genere a lo largo de toda su vida. Es posible potencializar las capacidades de un ser humano (especialmente las de un niño teniendo en cuenta que su cerebro está en constante formación hasta aproximadamente los 20 años), haciendo uso del cerebro, para lo cual este debe estar integrado, tanto horizontal como verticalmente, es decir, que todas las facetas del cerebro trabajen bien conjuntamente reconociéndolas a todas como igual de indispensables: la lógica y lineal con la creativa y desordenada (hemisferio izquierdo con hemisferio derecho); y la primitiva y la emocional con la reflexiva y analítica (tronco cerebral, cerebelo y sistema límbico con corteza cerebral), respectivamente (SIEGEL, D. J. y BRYSON, T. P. El cerebro del niño. Editorial ALBA). Dicha integración del cerebro permite mejorar no solo habilidades cognitivas sino también sociales.


Respecto a la inteligencia emocional vale la pena definir primero lo que son emociones positivas y negativas, sin embargo, se encuentra que no existe una definición única para estos dos extremos. Por ejemplo, el neuropsicólogo Richard Davidson (ver video) considera que una emoción es negativa cuando se extiende tanto que afecta el aprendizaje del niño; otra mirada hace Tenzin Gyatso (actual Dalai Lama) quien sugiere que una emoción es positiva o negativa dependiendo el propósito con el que se use y el tiempo que dure; por último, desde psicología positiva, una emoción negativa es aquella que tiene el efecto de estrechar la mentalidad de la persona, contrario a la emoción positiva que tiene el efecto de expandirla y generar apertura (Fredrickson, B. L. The Role of Positive Emotions in Positive Psychology: The Broadenand-Build Theory of Positive Emotions. American Psychologist, 56, 218-226 (2001)). De aquí se concluye que aunque en la vida cotidiana los términos positivo y negativo se han acuñado como bueno y malo respectivamente, no es preciso realizar dicha afirmación, esto es congruente con la definición más básica de emoción que es: “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática” (http://dle.rae.es/?id=EjXP0mU, julio de 2016), lo cual indica que sea positiva o negativa, la emoción es una alteración del alma, un color necesario para la razón.


Es entonces a través de técnicas como la meditación, una técnica de vigilancia atenta pero relajada, donde se puede moldear el cerebro y generar una inteligencia emocional con lo que los niños pueden autorregularse y ser conscientes de su atención y de sus emociones. Además de los estudios mencionados por los investigadores Linda Lantieri, Richard Davidson y Mark Greenberg en la entrevista con Eduard Punset, otros grupos de investigación como el de psicología positiva dirigido por Barbara Fredrickson en la Universidad de Carolina del Norte han realizado estudios donde luego de tres meses de una práctica continua de meditación, las personas encuentran aminoramiento de dolores, gripes y resfriados, incremento en la satisfacción personal, reducción de la depresión, mejores relaciones sociales, mayor conexión con los demás y mayor habilidad para estar en el momento presente (https://www.coursera.org/learn/positive-psychology/lecture/sAxDu/built-resources).


Por último, cabe anotar que además de la meditación existen otras herramientas con las cuales se pueden lograr objetivos comunes como la regulación de las emociones, el apaciguar la mente y la atención focalizada. Dentro de la lista se pueden mencionar algunas como las técnicas de respiración, el yoga, arteterapia, danzaterapia, musicoterapia, teatro, imaginería y programación neurolingüística. La buena noticia es que estas herramientas pueden ser usadas no solo para potencializar a los niños y jóvenes, sino también a los adultos educadores que paradójicamente son quienes por lo general menos cuentan con estas habilidades cognitivas, sociales y personales que pretenden formar en sus hijos o estudiantes.


En conclusión, la educación constituye un verdadero arte de vivir ya que invita a los educadores no solo a reconocer a los niños como grandes maestros, sino que también permite que ambas partes experimenten sentimientos de esperanza, empatía, compasión y claro está, amor, en un constante estado de consciencia.


“No prepares el camino para el niño, prepara al niño para el camino”

Anónimo