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CENTRO DE ESTUDIOS DE CHINA

Reseña Taller 14 de septiembre de 2016:

El poder de la Imaginación






















Por: Paola López Murillo


Las actuales investigaciones en neurociencia muestran que el ser humano no está determinado simplemente por el conjunto de genes que componen su ADN sino que su comportamiento depende fuertemente del entorno en donde crece, las experiencias que vive y su manera de percibir la vida, así lo expresa Robert Sapolsky, catedrático de Ciencias Neurológicas de la Universidad de Stanford en entrevista con Eduard Punset (https://www.youtube.com/watch?v=qifJW_enkmk). Estas observaciones están en acuerdo con los estudios de epigenética donde se proclama que la expresión de los genes se va determinando a lo largo de la vida de las personas y depende de factores como la dieta, la exposición a sustancias químicas, el ambiente y la crianza. En esta entrevista, el neurocientífico también resalta que el hecho de tener un gen que codifique para cierta enfermedad, no es requisito suficiente para que esta se desarrolle, solo se es vulnerable a la expresión del gen si se está en un entorno estresante y propicio para la enfermedad. De allí el papel tan importante de la imaginación (“¿al poder o a la depresión?”) ya que el cerebro tiene la capacidad de recrear cualquier situación antes de que esta suceda, y este acto genera todas las reacciones en el cuerpo tal cual como si la viviera realmente.


Estudios demuestran que el tener expectativas y el anticiparse a las recompensas generan mayor segregación de dopamina –neurotransmisor relacionado con el placer, y a su vez con la felicidad- que el preciso momento en el que se experimenta la situación deseada. Adicionalmente, si no se tiene una completa seguridad acerca del resultado de un evento se generan sentimientos de esperanza y optimismo que producen niveles aún mayores de dopamina, esa dosis de imprevisibilidad e incertidumbre con probabilidad de un 50% de acierto es la fórmula perfecta para la vida, no solo a nivel individual sino también a nivel social ya que es lo que genera la cooperación natural en las especies y es la que tiene que ver con el saber implícito de que buscando el bien común se logra un beneficio global mayor que cuando se intenta sacar provecho meramente individual.


A partir de estos estudios neurológicos se llega a la conclusión de que el ser humano tiene la capacidad de influir en su memoria, sus emociones, su pensamiento y el funcionamiento de su cuerpo, es decir, tiene la capacidad de usar su imaginación al poder o a la depresión, a potenciar o a enfermar. El Dr. Jairo Buitrago Ruiz M.D. M.Sc., quien ha profundizado en Medicina Tradicional China  y Pensamiento Chino, muestra que dicha conclusión es la misma premisa que ha manejado desde hace más de 2500 años la sabiduría ancestral China y en general la No Occidental.


El Dr. Buitrago agrega además que todos los puntos mencionados anteriormente vienen ya consignados en libros antiguos como el I Ching (Yì jīng 易经) o libro de los cambios, donde se encuentran 64 códigos que indican cómo proceder en la vida. El estado de amor hacia el prójimo, hacia cualquier ser vivo y hacia cualquier evento de la vida como condición natural para la no enfermedad. El equilibrio necesario entre 50% razón, 50% intuición para cualquier proceso. El vivir lo sencillo y cotidiano con intensidad y sentido para el cultivo espiritual. La armonía natural en todos los ritmos de la naturaleza, en tiempo y espacio.  La aparición de conflictos como manera oportuna para aprender, reparar, evolucionar y cooperar con los demás, vista también como la ley causa-efecto y como una de las responsables de la aparición de la benevolencia que consiste en el estado de amor hacia todo, el estado donde se ve la esencia, la verdadera divinidad en todo ser y suceso y en donde al estar llenos se cumple la condición fundamental para poder dar y volver a llenarse y repetir el ciclo incesante del bien común. El no apegarse a nada teniendo una expectativa de vida permanente, una incertidumbre que no oscurece sino que da luz e introduce el factor “depende” en todo. El tener voluntad, amor y sabiduría (el escuchar, el ver y el hacer) como trilogía necesaria para la armonía en la vida...


En síntesis, el Dr. Jairo Buitrago Ruiz concluye que esos 64 códigos fueron recogidos no para tratar enfermedades en los hombres, sino para comprender la vida en su verdadera magnitud y sentido y potencializarlos a través del vivir una vida en resonancia con las leyes naturales.