Internacional | Vie, 07/15/2011 - 16:14

Por: Diana Andrea Gómez * | Elespectador.com


La sentencia a pena de muerte que la justicia china busca imponer al caleño Hárold Carrillo Sánchez porque al parecer portaba 2.952 gramos de cocaína, es una muestra de la diferencia en la forma como países asiáticos como China abordan el derecho y la ley.


El Estado es considerado en China como el pináculo de la sociedad, disfrutando de soberanía sobre todas las esferas, en contraste con otros países donde el poder del Estado ha sido sujeto a otras fuerzas, como la Iglesia, o los intereses económicos y comerciales.

En la concepción china sólo dos instituciones han sido formalmente admitidas: el Estado y la familia. Estado-nación se compone de dos caracteres que significan Estado y familia. El Estado es interpretado y asumido tradicionalmente como “la gran familia”. La primera es la versión macro de la segunda. En ambas, dado que son las dos caras de una misma moneda, el sentido de autoridad es vertical y diáfano. No admite sublevación alguna.


La confianza como clave del orden social explica por qué el pueblo obedece a un gobernante con un respeto reverencial. En ese orden de ideas, la desobediencia es prácticamente impensable. Esta actitud se refleja en el manejo de la ley. Y los delitos relacionados con narcotráfico en territorio chino contemplan la pena de muerte, por considerarlos de extrema gravedad dadas las implicaciones que éstos conllevan para la sociedad.

En este contexto, la gravedad del delito de porte ilegal de estupefacientes se compensa con la pena de muerte. Sólo un buen comportamiento permitiría reconsiderar la pena y permitirle al reo la cadena perpetua. En ese sentido, el castigo se concibe como ejemplarizante para que no vuelva a ser cometido.


* Analista Internacional especialista en China. dianaandreagomez@gmail.com


La ley en China

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