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Con China Nunca es tarde

spanish.china.org.cn | 24. 08. 2015 | Editor:Lety Du


Por Cesar Santos  


¿Cómo relacionarse con China? La pregunta del millón, o de los mil trescientos millones. Mientras los dos gobiernos todavía celebran 35 años del establecimiento de relaciones diplomáticas, muchos en Colombia se siguen preguntando cuál es la forma más adecuada de tratar con la nación asiática, o, para decirlo más directamente, cómo se le puede sacar el mejor provecho a su atractivo mercado.

Las diferencias políticas siempre han existido, y de hecho fueron una de las principales causas para que el país suramericano se demorara más que varios de sus vecinos en oficializar vínculos bilaterales. No obstante, fue el aspecto comercial el que sirvió de catalizador para que, el 7 de febrero de 1980, Colombia por fin se decidiera a reconocer a Beijing como el único gobierno legítimo de China.

Treinta y cinco años después, Colombia sigue un tanto rezagada en comparación con la región en cuanto al provecho que obtiene de su nexo con la que es ya la segunda economía mundial. Sin embargo, no se puede ignorar el progreso que ha logrado en lo que va corrido de este siglo, en el que China se ha convertido en su segundo socio comercial, un socio con el que en 2014 negoció 17.000 millones de dólares.

Con la aceptación y el respeto de las diferencias políticas definido, los dos países se concentran hoy en profundizar el conocimiento mutuo, y para lograrlo, los gobiernos han echado mano de un aspecto clave en los lazos bilaterales: la diplomacia cultural.

Cuando uno quiere establecer un vínculo comercial exitoso, necesariamente tiene que primero establecer confianza con la otra parte, y eso es muy difícil de lograr si no hay con ella un conocimiento medianamente profundo. En China, cerrar un negocio implica pasar antes, al menos una vez, por la mesa de un restaurante, en la que, además, no puede faltar el baijiu, el licor tradicional. Es decir que los tratos se cierran entre amigos, y no entre simples conocidos.

Por eso China ya ha establecido tres sedes de su Instituto Confucio en el país andino, al tiempo que la embajadora colombiana en Beijing, Carmenza Jaramillo, se ha embarcado en una agitada campaña para lograr que los chinos conozcan el potencial de Colombia como destino turístico y comercial, a través de reuniones con funcionarios del gobierno central, visitas a autoridades y empresarios de diferentes provincias y regiones y numerosas actividades culturales, centradas en la promoción de la música, la salsa en particular, y el consumo de café.

Aparte de esto, los dos gobiernos han dado pasos concretos para elevar el nivel de sus relaciones, y prueba de ello son las visitas recíprocas de altos funcionarios, un aspecto muy importante dentro de la práctica diplomática china, entre las que cabe destacar la que hizo el actual presidente, Xi Jinping, en calidad de vicepresidente, en 2009, la del presidente Juan Manuel Santos en 2012 y la efectuada por el primer ministro Li Keqiang hace apenas unos meses.

En ésta última, que justamente tuvo un destacado componente cultural, con la realización de un encuentro literario en el que participaron Li, Santos y el premio Nobel de Literatura Mo Yan, los líderes rubricaron 12 acuerdos en comercio, infraestructura, turismo, agricultura y educación.

Estos acuerdos demuestran que cada día hay más confianza entre los dos, que cada vez se conocen más, que constantemente están descubriendo y aprovechando nuevos escenarios de cooperación. Ese conocimiento es definitivo ahora que la llamada bonanza de las materias primas es cosa del pasado. Por eso, China está estudiando seriamente la posibilidad de comprar una gran variedad de productos agrícolas para alimentar a su numerosa población, al tiempo que Colombia se esfuerza por atraer la mayor cantidad posible de capital chino, destinado primordialmente a la construcción de infraestructuras. Los dos países, además, acordaron iniciar un estudio de factibilidad para la eventual firma de un Tratado de Libre Comercio.

El TLC, sumado a los acuerdos firmados durante la visita de Li Keqiang y otros suscritos a través de la Alianza del Pacífico, que Colombia integra junto con Perú, Chile y México, permitirán un ejercicio económico mucho más fluido entre las dos partes, que se reflejaría en una mayor y mejor oferta de productos colombianos en China y en una presencia más sólida de los inversionistas chinos en el país suramericano.

Un ingrediente adicional que vale la pena tener en cuenta es la cantidad de oportunidades que se abrirán para las inversiones extranjeras en caso de que el gobierno colombiano logre firmar un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Dicho acuerdo significaría además la posibilidad de desarrollar zonas que hasta ahora no han podido aportar a plenitud al aparato productivo del país, debido justamente a la presencia guerrillera. En contraste con la incredulidad de muchos, China parece tener la plena seguridad de que la paz está próxima a llegar a Colombia, y así lo demuestra la donación de 8 millones de dólares hecha por su gobierno para la etapa posterior al final del conflicto armado. Una vez más reafirma China su convicción de que la paz es el fundamento principal del desarrollo.

“Para quererse hay que conocerse”, dijo recientemente en una entrevista con el programa “Diálogo” de la Televisión Central de China (CCTV) la canciller colombiana, María Ángela Holguín. Con la distinción de Colombia como destino turístico autorizado, la reciente abolición de los visados para los chinos, las 200 becas que ahora ofrece China a los colombianos, las diversas actividades realizadas en Colombia por los Institutos Confucio y organizaciones como Centro China y la Asociación de Amistad Colombo-China, y las fiestas de café y salsa de las que hoy disfrutan los chinos, el problema del desconocimiento mutuo va cayendo en el olvido, y va dando paso a una relación más madura entre verdaderos amigos.

Una de las virtudes chinas mejor conocidas en el extranjero es la paciencia. Todo el mundo conoce los avances que este país ha logrado en sus más de 5.000 años de historia, y especialmente en las últimas seis décadas. Puede que Colombia se haya demorado un poco, aunque también es necesario tener en cuenta que la propia historia colombiana, marcada por el narcotráfico y la violencia, ha forzado a sus gobiernos a mirar más hacia adentro que hacia afuera. Pero nunca es tarde para afinar y potenciar las relaciones con China, en las que nunca dejarán de surgir nuevas oportunidades para parte y parte.